domingo, 23 de noviembre de 2014

Una mañana cualquiera...



Domingo, por la mañana. Un domingo cualquiera, de un otoño nublado y que como casi todas las mañanas de los otoños de Valencia, amenaza con lluvia, pero apenas llega a llover.
 Me levanto, tarde para mí: son eso de la 8,30. Desayuno, un buen café, con un par de naranjas exprimidas, oro liquido de mi tierra, acompañado de unos croissant, con mantequilla y mermelada de arandanos.
 Hay que quitarse, la pereza dominguera: nada mejor, que una ducha, fria - caliente-fria. Mientras me afeito, a la antigua, suena Sinatra, en la mini cadena...ya he resucitado, me digo. Como Hidalgo, solo ha salido, a pasear, estas últimas semanas, necesita, como buen pura sangre que es, salir a galopar. Así, que me visto, lo mas parecido posible, a un gentleman driver, ingles, pues la circunstancia y la climatologia, así lo exige. En mi macuto, la cámara de fotos, mi fiel agenda y mi mas fiel moleskine, con sus escuderos Faber e Inoxcrom.
 Para amenizar, la galopada, hoy elijo el concierto acústico de los Scorpions. Llego al garaje, Hidalgo me espera, lo ensillo y lo despierto. El seis cilindros, cobra vida enseguida, con un ralenti alto, pero regular.
 Salgo hacia la gasolinera, pues Hidalgo, es un purasangre que cuando galopa, necesita energia y nada mejor, que sangre del diablo de 98 octanos: miel para sus pulmones, que respiran plomo y fuego.
 Engancho, la V30, dirección Lliria. Los Scorpions empiezan a sonar. Programa de conducción normal. Poco a poco, el pura sangre entra en calor y empieza a acelerar, con elegancia y al mismo tiempo soberbia. Velocidades, legales, aunque en la subida, cerca de la unión con la carretera hacia Barcelona, un Golf, se acerca un poco mas de la cuenta: una suave presión del acelerador y en instantes el intruso, solo es una par de puntos luminosos en el espejo retrovisor...
 Sigo por la autovía que me lleva a Ademuz. Me desvió en Lliria, hacia Olocau. A la derecha, queda el parque de San Vicente, con su lujurioso tono amarillo de otoño,al llegar a lo alto de la carretera, se llega a una recta, en bajada, de unos 500 metros. Piso a fondo, y la sensación es la misma, que la de un reactor, cuando entra en postcombustion (supongo...), en instantes, Hidalgo, se pone a velocidades de vertigo, el sonido del motor cambia a modo Nazgul, como queriendo avisar, que hay un depredador por la carretera suelto...pero un tirón a las riendas y todo vuelve a la normalidad. La subida hacia Olocau, la hace toda como si bajara. pero dentro de la ley y por el pueblo legalidad absoluta y total.
 Parada obligada. En el bar del Arquet, lleno de ciclistas, bikers y montañeros, me tomo un cafe con leche. Me siento un rato, tomo un par de notas en el moleskine y como da tiempo, decido, subir a Marines Viejo, por una carretera digna de un tramo de rallye...Así que modo sport, cambio en secuencial y cinturon de seguridad mas apretado de lo normal. Mamma mia...Hidalgo disfruta como un enano y yo mas, los cambios de marcha, algo mas que supersonicos, al igual que las reducciones y el embriagador sonido del motor, hacen de este tramo, un momento religioso...hasta que un par de kilometros antes de llegar a Marines, un Vectra, a ritmo de Domingo, se convierte en una chicane movil...que se va ha hacer, la carretera no es un circuito (bueno, yo me apaño...) y es de todos, así que tranquilito hasta llegar a Marines.
 Alli paramos. Me doy un paseito por sus calles viejas y estrechas, tomo unas fotos, me enamoro de una casa en venta y decido iniciar el regreso.
 Hasta Olocau, bajo como un tiro, al no encontrar ninguna chicane movil de nuevo. Desde alli, ritmo de paseo, hasta la v30 pasando por Betera. En la V30, los Scorpions que me estan amenizando la marcha, atacan con el "rock you, like a hurricane": es el momemento mágico de la jornada. La maravillosa canción, el andar magestuoso de hidalgo y lo bien que me siento, me hace entrar casí en trance...pero hay que estar atento. Estoy cerca de casa y se que hay radares. Toca ir despacito hasta el establo. Una vez alli, desensillo al purasangre y le dejo descansar, se lo ha ganado bien.
 Son las 19, 47 horas. Mientras escribo estas lineas, Art Tatum suena en la minicadena. Me relamo de placer, cuando escribo estas lineas. Dias así, son los que dan sentido, aunque sea algo, a la vida.



El dia despues (Oye Patria mi aflicción...)

Oigo, patria, tu aflicción, y escucho el triste concierto que forman, tocando a muerto, la campana y el cañón; sobre tu invicto p...