sábado, 16 de septiembre de 2017

Los surcos de la siembra.



Al igual que el rio de la vida deja surcos en nuestra alma, el paso de las estaciones los deja sobre los campos de arroz de la albufera del Reino de Valencia. Año tras año desde tiempo inmemorial, su visión indica que llega el otoño y que otro año empieza a morir. Luego con la primavera se iniciara la siembra y vuelta a empezar otro ciclo vital.
 La visión de este paisaje cada año me produce una sensación contradictoria: por una parte llegan las estaciones de días cortos, algo de lluvia y frió. Que invitan a apurar al máximo la existencia en horas de sol;  y a recogimiento y paz en las largas tardes de frescor, lectura y música. Y por otra parte me apena ver morir otro año. Pues año que pasa no vuelve y con el, algunos buenos momentos,  mejores gentes y algunos ideales.
 El rio transcurre. No para. Y desemboca, nadie sabe donde. Mientras tanto, cada final de verano, los surcos de los campos de arroz, nos indican que aun seguimos bajando por el rio de la vida, aunque otro año empiece a morir.

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