domingo, 18 de febrero de 2018

En la playa (Antes de la tormenta...)





POR LA NOCHE EN LA PLAYA, Walt Whitman

POR LA NOCHE EN LA PLAYA



Por la noche en la playa,

una niña con su padre, de pie,
mira hacia el este en el cielo otoñal.



Arriba en las tinieblas,

mientras las nubes oscuras, nubes fúnebres, se extienden en masas negras
y bajan malhumoradas y veloces, sesgadas o verticales, por el cielo,
en medio de un espacio de claro y transparente éter que ha permanecido en el este,
asciende inmenso y calmo, Júpiter, señor de los astros,
y muy cerca de él, tan solo un paso más alto,
nadan las pléyades, delicadas hermanas.
Desde la playa, la niña, estrechando la mano de su padre,
observa las nubes fúnebres que bajan dispuestas a devorarlo todo
y en silencio llora.



No llores hija mía,

No llores, querida mía;
con estos besos deja que borre tus lágrimas;
las nubes oscuras no triunfarán por mucho tiempo;
no poseerán por mucho tiempo el cielo; solo devoran los astros en apariencia;
Júpiter seguirá, ten paciencia y observa de nuevo otra noche; surgirán las pléyades;
son inmortales, todos esos astros, plateados y dorados; de nuevo han de brillar;
las grandes estrellas y las pequeñas de nuevo han de brilar; perdurarán;
Los grandes soles inmortales y las lunas perdurables y pensativas, de nuevo han de brillar.



¿De modo que solo lloras po Júpiter, niña amada?

¿Tan solo consideras el entierro de los astros?
Algo hay
(Con mis labios te consuelo, y agrego un susurro,
te daré una pista inicial, el problema y lo que no es)
algo hay que es aún más inmortal que los astros
(Por mucho que sean los entierros, muchos los días y las noches que transcurran)
algo que durará aún más que el brillante Júpiter;
Más que el sol y todos los satélites que giran
y que las pléyades, radiantes hermanas.



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