sábado, 3 de agosto de 2019

El parque de mi memoria.



La ausencia, me hace escuchar el canto de los pájaros, las risas de los niños y los murmullos de sus mayores, en un parque, donde ya no están...
 Veo a un Señor maduro, sentado sobre un taburete mientras trata de ensamblar, sobre una improvisada mesa, un recortable para un niño que le mira curioso alrededor.
 Un poco mas allá, veo a un hombre mas joven tumbado sobre una hamaca plegable, mientras lee la prensa y murmura: que mal esta lo de Vietnam...
 Cerca de ellos hay dos mujeres, una mayor y otra mas joven que mientras hablan de lo cara que esta la vida, disponen platos, vasos y cubiertos, para luego, dar cuenta de la comida que han preparado, la noche anterior.
 Un pequeño de cuatro años, con cara de pillo y los mofletes un tanto sucios por la golosina, que se ha comido sin deber hacerlo,  antes de comer, ronda sobre una bici de tres ruedas.
 Y otro crío, mayor que el anterior, con el pelo rapado, gesto adusto y mirada triste, sentado sobre un coche pedales y con una cámara fotográfica de juguete al cuello, mira la escena embelesado...
 Aparece una familia con críos, dispuesta a pasar el día. El sonido ambiental esta ahí. Los dos hombres, las dos mujeres y los niños ya no están.
 Un hombre maduro se levanta, guarda su cámara en el bolsillo y va a hacia su coche...Lleva en lo mas iluminado de su alma, para toda la eternidad, a dos hombres, dos mujeres y un niño.
San Vicente de Lliria, Agosto de 2019.


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